Formula medica falsa

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Ejemplos de curanderismo

El antígeno prostático específico, o PSA, es una proteína producida por las células normales y malignas de la glándula prostática. La prueba del PSA mide el nivel de PSA en la sangre. Para esta prueba, se envía una muestra de sangre a un laboratorio para su análisis. Los resultados suelen presentarse en forma de nanogramos de PSA por mililitro (ng/mL) de sangre.

Además, varios factores pueden hacer que el nivel de PSA de una persona fluctúe. Por ejemplo, el nivel de PSA tiende a aumentar con la edad, el tamaño de la glándula prostática y la inflamación o infección. Una biopsia de próstata reciente también aumenta el nivel de PSA, al igual que la eyaculación o el ejercicio vigoroso (como el ciclismo) en los dos días anteriores a la prueba. Por el contrario, algunos fármacos, como la finasterida y la dutasterida, que se utilizan para tratar la HBP, reducen el nivel de PSA.

Si el nivel de PSA sigue aumentando o se detecta un bulto sospechoso durante un EDR, el médico puede recomendar pruebas adicionales para determinar la naturaleza del problema. Éstas pueden incluir pruebas de imagen, como la resonancia magnética (RM) o la micro-ulografía de alta resolución.

Curanderismo médico

El curanderismo, a menudo sinónimo de fraude sanitario, es la promoción[1] de prácticas médicas fraudulentas o ignorantes. Un curandero es un «fraudulento o ignorante que pretende tener habilidades médicas» o «una persona que pretende, profesional o públicamente, tener habilidades, conocimientos, calificaciones o credenciales que no poseen; un charlatán o vendedor de aceite de serpiente»[2] El término curandero es una forma recortada del término arcaico quacksalver, del holandés: kwakzalver un «vendedor de bálsamo»[3] En la Edad Media el término curandero significaba «gritar». Los curanderos vendían sus productos en el mercado gritando en voz alta[4].

Entre los elementos comunes de la charlatanería general se encuentran los diagnósticos dudosos mediante pruebas de diagnóstico cuestionables, así como los tratamientos no probados o refutados, especialmente para enfermedades graves como el cáncer. El curanderismo se describe a menudo como un «fraude sanitario» con la característica destacada de la promoción agresiva[1].

«cualquier cosa que implique una promoción excesiva en el ámbito de la salud». Esta definición incluiría tanto ideas como productos y servicios cuestionables, independientemente de la sinceridad de sus promotores. En consonancia con esta definición, la palabra «fraude» se reservaría únicamente para las situaciones en las que se produce un engaño deliberado[1].

5 tipos de charlatanería

La tasa de falsos positivos (FPR) es una medida de la precisión de una prueba: ya sea una prueba de diagnóstico médico, un modelo de aprendizaje automático o cualquier otra cosa. En términos técnicos, la tasa de falsos positivos se define como la probabilidad de rechazar falsamente la hipótesis nula.

Imagine que tiene una prueba de detección de anomalías de algún tipo. Quizá sea una prueba médica que comprueba la presencia o ausencia de una enfermedad; quizá sea un algoritmo de aprendizaje automático basado en la clasificación. En cualquier caso, hay dos posibles verdades en la vida real: o bien lo que se está comprobando es cierto, o no lo es. La persona está enferma, o no lo está; la imagen es un perro, o no lo es. Por ello, también hay dos posibles resultados de la prueba: un resultado positivo (la prueba predice que la persona está enferma o que la imagen es un perro) y un resultado negativo (la prueba predice que la persona no está enferma o que la imagen no es un perro).

La tasa de falsos positivos se calcula como FP/FP+TN, donde FP es el número de falsos positivos y TN es el número de verdaderos negativos (FP+TN es el número total de negativos). Es la probabilidad de que se produzca una falsa alarma: que se dé un resultado positivo cuando el valor verdadero es negativo.

Ejemplos de charlatanería

En el contexto de las pruebas de cribado, es importante evitar ideas erróneas sobre la sensibilidad, la especificidad y los valores predictivos. Por lo tanto, en este artículo se establecen primero los fundamentos relativos a estas métricas junto con el primero de varios aspectos de la fiabilidad que debe reconocerse en relación con esas métricas. A continuación, se aclaran las definiciones de sensibilidad, especificidad y valores predictivos, y se explica por qué los investigadores y los clínicos pueden malinterpretarlas. Se argumenta que la sensibilidad y la especificidad deben aplicarse normalmente sólo en el contexto de la descripción de los atributos de una prueba de cribado en relación con un estándar de referencia; que los valores predictivos son más apropiados e informativos en contextos reales de cribado, pero que la sensibilidad y la especificidad pueden utilizarse para tomar decisiones de cribado sobre personas individuales si son extremadamente altas; que los valores predictivos no tienen por qué ser siempre elevados y pueden aprovecharse ajustando la sensibilidad y la especificidad de las pruebas de cribado; que, en los contextos de cribado, los investigadores deben proporcionar información sobre los cuatro parámetros y cómo se han obtenido; y que, cuando sea necesario, los consumidores de la investigación sanitaria deben tener la capacidad de interpretar esos parámetros de forma eficaz para obtener el máximo beneficio para los clientes y el sistema sanitario.